Patagonia

El imán de piedra

Una imagen inconfundible domina miles de kilómetros cuadrados a la redonda en la Patagonia Austral. Es el mágico cerro Fitz Roy, probablemente la vista más cautivante de toda la Cordillera Argentina pese a que su altura (3405 m sobre el nivel del mar) no compite con la de los gigantes de Mendoza o Catamarca, cuyas cumbres lo duplican.

Esta montaña, ubicada al oriente del campo de hielo Patagónico Sur, está en el límite entre Argentina y Chile cerca de la villa El Chaltén (Santa Cruz)

 

Dientes de granito

Las agujas del macizo Fitz Roy están formadas por gruesos estratos del Cretáceo y capas de granodiorita (roca ígnea plutónica constituida principalmente por cuarzo).

Los naturales de la región creyeron que se trataba de un volcán por la nube de vapor subliminado casi permanente de su casco de hielo. Precisamente por eso lo llamaron chaltén, que significa “montaña humeante”.

Los antiguos habitantes tehuelches lo reverenciaban como un lugar sagrado. Era la morada del dios del fuego, Agschen.

Francisco P. Moreno le dio el nombre Fitz Roy en homenaje al marino inglés que en 1833 había divisado desde lejos la pilastra casi cilíndrica de 3405 metros de altura.

 

La catedral de piedra

Su conformación maciza y vertical en medio de una serie de agujas igualmente impresionantes -los picos Torre, Egger, Poincenot, Cuatro Dedos, Bifida, o Saint Exupéry- recuerda una gigantesca catedral de hielo y piedra en medio de la soledad y las distancias infinitas.

Se lo ve desde muy lejos. En un día claro se lo puede apreciar ya desde la Ruta 40, a 100 km de la Cordillera propiamente dicha. En algunos momentos del día, de acuerdo a la luz del sol, sus colores pueden ser sorprendentes.

Si uno quiere tener la mejor de las vistas, vale la pena organizar la llegada al lugar con las primeras luces del alba. El recorrido desde la Ruta 40 hasta la base del Fitz Roy -la pequeña población de El Chaltén- nos regala, entra las cinco y las ocho de la mañana, un espectáculo de colores sin igual. Tonos rojizos, nubes siempre cambiantes por los grandes vientos, el color verde esmeralda del lago Viedma y la montaña que crece ante nuestros ojos.

 

Pocos lo han vencido

No cualquiera puede llegar hasta su cumbre.

El Fitz Roy, al igual que su vecino el Cerro Torre (de 3128 m de altura), es una de las montañas más difíciles del planeta. Recién fue vencido en 1952 por Lione Terray y Guido Magnone y por muy pocos andinistas luego de ellos, entre los que se cuentan los mejores escaladores del mundo.

En cambio, sí es factible -y recomendable- caminar por los alrededores y las bases de ascenso a los grandes picos del lugar.

Los accesos se encuentran a pocas horas de caminata desde la población de El Chaltén y presentan vistas inolvidables. Lo mismo vale si uno llega por la Ruta 21 -por la ribera sur del lago Viedma- hasta la estancia Helsingfors, exactamente al pie de la montaña, y se interna a pie por los glaciares y cerros circundantes, siempre con el Fitz Roy como centinela lejano

 


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