Patagonia

Ríos de hielo en la Patagonia

El Imán de Piedra

Una imagen inconfundible domina miles de kilómetros cuadrados a la redonda en la Patagonia austral. Es el mágico cerro Fitz Roy, acaso la vista más cautivante de toda la cordillera argentina pese a que su altura (3.405 m) no compite con la de los gigantes de Mendoza o Catamarca, cuyas cumbres lo duplican.

 

Ríos de hie­lo que ba­jan del cas­que­te con­ti­nen­tal

El Pe­ri­to Mo­re­no es una len­gua de hie­lo que des­cien­de del cas­que­te con­ti­nen­tal. Tie­ne una su­per­fi­cie de unos 250 km2 y un lar­go de 30 ki­ló­me­tros. Su pri­mer re­la­tor cien­tí­fi­co a fi­nes del si­glo XIX fue el ale­mán Ru­dolf Haut­hal, que lo lla­mó Bis­marck-Glets­cher, pe­ro fue re­bau­ti­za­do en 1899 con su nom­bre ac­tual por el Tte. de Fra­ga­ta Al­fre­do Igle­sias. Na­ce a unos 2.500 me­tros de al­tu­ra y de­sem­bo­ca a 50 me­tros so­bre el nivel del mar en el Bra­zo Ri­co del la­go Ar­gen­ti­no. En 1917 su avan­ce for­mó por pri­me­ra vez (en tiem­pos his­tó­ri­cos) un di­que que em­bal­só las aguas del Bra­zo Ri­co. Es­tos avan­ces se re­pi­tie­ron en for­ma pe­rió­di­ca, has­ta que en fe­bre­ro de 1988 ocu­rrió por úl­ti­ma vez la es­pec­ta­cu­lar ro­tu­ra; des­de en­ton­ces su fren­te se ha ido re­ti­ran­do pro­gre­si­va­men­te. Lo mis­mo su­ce­de con el Up­sa­la, más al nor­te. Pe­ro aún sin las ca­ta­clís­mi­cas ro­tu­ras y el con­ti­nuo des­pren­di­mien­to de los enor­mes tém­pa­nos, estas formaciones de hielo son un es­pec­tá­cu­lo que so­bre­co­ge a los vi­si­tan­tes.

 

Vir­tual­men­te to­dos los la­gos an­di­no­pa­ta­gó­ni­cos fue­ron ex­ca­va­dos por las len­guas que des­cen­die­ron a la lla­nu­ra des­de los gran­des cas­que­tes de hie­lo, ha­ce 10.000 años. Los
gla­cia­res ca­va­ron ho­yas tan per­fec­tas co­mo una ba­ñe­ra y ce­pi­lla­ron las ro­cas for­man­do pro­fun­das es­trías.

En la ima­gen to­ma­da por el sa­té­li­te Land­sat des­de 900 km de al­tu­ra. Se ob­ser­va el lago Ar­gen­ti­no y los di­ver­sos ven­tis­que­ros que des­cien­den del Hie­lo Con­ti­nen­tal pa­ra de­sem­bo­car en las aguas de las cuen­cas ex­ca­va­das, du­ran­te gla­cia­cio­nes pa­sa­das, por gla­cia­res de mu­cho ma­yor des­pla­za­mien­to que los ac­tua­les.


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