Norte

Extremo norte, el comienzo del recorrido

La Quiaca, ciudad argentina fronteriza con Bolivia, es el extremo norte de la Ruta 40.

Esta ciudad forma parte de la Puna jujeña y está a 284 km de San Salvador de Jujuy. La Puna es una región altiplánica o meseta de alta montaña, propia del área central de la cordillera de los Andes.El altiplano se interrumpe a veces por la presencia de quebradas o valles excavados por ríos y se pueden ver lagunas, salares y volcanes nevados.

La Puna jujeña tiene lugares inolvidables.

 

La Puna: un mundo hostil pero cautivante

Desde Abra Pampa, segunda ciudad en importancia de la región (luego de La Quiaca, a 73 km) hay vistas y visitas imperdibles. A 25 km al oeste de Abra Pampa, por la ruta 71, queda Cochinoca, donde funcionó la primera iglesia de la Puna. Al lado de la iglesia quedan los restos de su predecesora, cuyos adobes se derritieron por el efecto de las lluvias. Esta ciudad se encuentra a 3552 m sobre el nivel del mar. En la época precolombina era atravesada por el camino del Inca y durante los tiempos de la colonia española fue un importante centro minero.

Casabindo se encuentra a 55 km al sudoeste de Abra Pampa, por ruta 11. Posee una hermosa iglesia, por su belleza y magnificencia llamada “La catedral de la Puna”. Los 15 de agosto de cada año se realiza el tradicional “Toreo de la vincha” donde – en una corrida en la que el objetivo no es lastimar al animal- el torero debe arrancar al toro una cinta con medallas de plata atada en sus cuernos.

La laguna de los Pozuelos, Monumento Natural, se encuentra a 45 km de Abra Pampa por la ruta 7. En ella habitan los flamencos, llamados “parina” en lengua quechua y “phoenicoparrus andinus” por la ciencia. Inspiraron el famoso “ave fénix” de la mitología.

Otro de los habitantes de la Puna, al que es posible ver a lo largo de los paisajes, es la famosa vicuña.


¿Sabías qué…?

El montañés andino tiene aproximadamente 5,7 litros de sangre, compuesta por glóbulos rojos en más de un 50 %. En cambio los hematíes del habitante de tierras bajas (que tiene sólo 4,7 litros de líquido sanguíneo) no alcanzan a la mitad de su total.

Así se adaptan también los animales a la escasez de oxígeno en la altura, causante del temido mal de la montaña, que ocurre normalmente a partir de los 2400 m de altitud.

Fotos: gentileza Marina Brattoli

 

 


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